Los domingos, la feria abre temprano y se llena de ruido de cajas que se arrastran, de voces que ofrecen y regatean, de carretillas que cruzan el pasillo central. Ahí retraté a un grupo de vendedores dentro de sus propios puestos. No los saqué del lugar ni los llevé a una pared limpia: los dejé donde trabajan, con la mercancía apilada, los carteles escritos a mano y esa luz que entra oblicua por el pasillo y corta el aire en dos.
La decisión de encuadre fue constante: siempre un objeto significativo en primer plano. Una balanza de hierro con el plato desgastado, un racimo de plátanos que ocupa media esquina del cuadro, una caja registradora antigua que ya casi no se usa pero sigue sobre el mostrador. Ese objeto no está ahí para decorar. Está porque ordena la lectura: primero el oficio, después la persona, y al final el puesto entero como contexto.
Cada fotografía va acompañada de datos técnicos de cámara y de una nota breve sobre por qué se eligió esa distancia y no otra. En esta serie trabajé casi siempre con focales moderadas, entre 35 y 50 mm, para integrar arquitectura del puesto y presencia humana en un mismo cuadro sin forzar la perspectiva. La distancia corta obliga a conversar, a esperar, a quedarse quieto hasta que la persona vuelve a su tarea y olvida que hay una cámara enfrente.
Lo que busco no es la pose. Es la pausa entre dos tareas: el momento en que alguien deja de acomodar la fruta y mira hacia el pasillo, o cuando cuenta el cambio sin levantar la vista. Ahí el rostro aislado dice menos que el conjunto. El fondo no decora: informa. Dice qué se vende, a qué hora llega la luz, qué tan angosto es el pasillo, cuánto peso soporta la mesa.
Las notas de campo registran también lo que no entra en el cuadro: el horario en que empieza a bajar el sol por el extremo del pasillo, el momento en que se encienden las lámparas colgantes, el tipo de cambio que se hace a mano porque la máquina no da abasto. Nada de eso se afirma como dato histórico ni como cifra del lugar. Es observación directa, anotada el mismo día, con la hora y la focal al lado.
La edición se armó en secuencia, no como imágenes sueltas. Una foto explica a la siguiente: el primer plano de la balanza abre la serie, el retrato de la vendedora con el delantal manchado la sostiene, y el plano más abierto del pasillo la cierra. Los pies de foto técnicos ubican cada escena sin inventar causas ni conclusiones sobre lo que va a pasar con la feria. Solo muestran cómo se ve hoy, un domingo cualquiera, desde adentro del puesto.